Por Samuel Nemir Olivares   @Samynemir

El mayor reto de la moda es olvidar el pasado. Arrastra su historia como un traje a su cola: atada a la cintura y dejando su ondulante espíritu al paso. Al mismo tiempo, las influencias de la modernidad y la tecnología la persiguen tratando de hacerse notar entre sus diseños.

La moda de primavera/verano ha venido gritando en las últimas temporadas auxilio buscando innovarse y desprenderse de la tradicionalidad y las tendencias predecibles.

Esta fue la conversación entre las colecciones presentadas por los diseñadores  durante esta semana en el Puerto Rico High Fashion Week las cuales continuaron la línea de las grandes casas de moda, moverse hacia el minimalismo, así como lograr una sugestiva sensualidad.

Las propuestas de siluetas fueron muy variadas desde trajes cortos sin mangas y las faldas de los 60’s, los pantalones cortos talle alto, hasta ‘jump-suits’, faldas y traje largos. El tul (especialmente negro), el chifón y los encajes aparecieron en la mayoría de los desfiles. Las faldas largas con vuelo se repitieron con frecuencia  proponiendo soltura y feminismo, efecto magistralmente logrado por Gustavo Arango.

Al parecer un duelo entre la paz y la seducción desencadenaron un sutil erotismo reflejado mediante transparencias, grandes aberturas, profundos escotes y semi-desnudos. Una exposición de la sensualidad no tan obvia, sino elegante y sugerente como proyectó José Raúl en su colección “El Dios de los deseos”, Gustavo Arango y hasta Sofía Arana con sus blancas piezas, congruente con las colecciones extranjeras de Prabal Gurung, Jason Wu y Alexander Wang.

Ha quedado atrás la tradicional costumbre de imitar y representar literalmente la imagen de la primavera y el verano. Las flores y los colores neones desaparecieron de la mayoría de las colecciones ,y donde aparecieron, se asomaron tímidamente en estampados digitales, materiales sintéticos o rezagadas a un detalle como en algunas piezas de José Raúl, Lisa Thon, así como “The Blonds”.

Su resultado se encaminó por dos rutas: una desprendida de la naturaleza, buscando sofisticación y neutralidad en un coqueteo entre el blanco y el negro como los desfiles de Michael Khors, Marc Jacobs y Jill Sanders. El dúo blanco y el negro se reflejaron en plenitud en la colecciones de Rubén Darío, David Antonio y Ruben Darío. Ciertas piezas de Reinaldo Alvarez y Gustavo Arango mostraron el mayor minimalismo, el rostro de la elegancia.

El otro camino fue un dulce coctel de colores pasteles como el verde menta, el rosa turmanila, el azul celeste y el salmón representado por las noveles Marian Toledo y Ruscherly Huyke, así como por Lisa Thon. De igual forma, de colores brillantes como el rojo, el azul cobalto, amarillo y el anaranjado en colecciones de Richard Cotto y Eddie Guerrero. Por lo general, los colores presentes de forma sólida y pocos estampados.

En los tiempos de crisis, como en la década de los 30’s, el uso del color negro se intensifica y en esta ocasión no fue la excepción. Aunque el “negro y blanco” siempre estuvo acentuado con toques de color en desfiles como los de José Raúl, David Antonio y Reinaldo Álvarez.

David Antonio, al igual que Reinaldo Alvarez, hicieron énfasis en los pantalones, especialmente el retorno de los abandonados palazzo, los cuales permanecieron agonizando durante años con la llegada del “skinny”. Junto con las chaquetas, este toque masculino aún pretende resaltar el imporante rol de la mujer en la actualidad, tendencia que aún mantiene Donna Karan.

En su concepción moderna del mundo y nuevas ideologías los noveles fueron los que mayor creatividad aportaron mediante innovadoras colecciones. Dee Serret y Hector Omar abordaron la tridimensionalidad de las siluetas. Hector Omar se sirvió del deporte para elaborar una línea vanguardista  “oversized” jackets al igual que Serret. Da’Ponte y Huyke se basaron en dos ejes temáticos para girar sus colecciones como lo fueron un asesino en serie y la cultura india. Lograron efectos inesperados como un traje elaborado en soga de Da’Ponte y la occidentalización de la moda oriental por Huyke.

Lisa Thon dio vida a una línea  ultra-femenina, juvenil y fresca donde protagonizaron los pantalones cortos talle altos con tops, blusas de cuello y el vientre desnudo. Ciertas siluetas se acercaron a la colección “Sea, Sun and Love” de Dolce & Gabbana de Milán.

La dicotomía entre cuerpo y espíritu pareció presentarse en varios diseños de doble silueta, ceñidos al cuerpo con una segunda capa translúcida creando un efecto de desdoblamiento como en piezas de José Raul. Un efecto enfatizado en la modernidad en la que las zonas cada vez son más grises, más líquidas, suspendidas entre dos mundos.

El estilo futurístico desatado durante la eclosión y furor del nuevo milenio hace varios años se ha desvanecido sutilmente, pero ha dejado una estela moderna reflejada en las siluetas y materiales de los noveles como Dee Serret y Héctor Omar, en las terminaciones y cinturones plásticos de Gustavo Arango y en su máxima expresión con las hiperfantásticas y sintéticas piezas de los “The Blonds”.

El arte es subterfugio para los artistas. Por tanto, la moda es el lienzo idóneo para los modistas escapar de la realidad y desatar su imaginación.

Así, desde los efectos de la globalización o  el deseo de escapar a exóticas culturas tomaron vida en la temática de la colección sevillana de Eddie Guerrero, en la oriental antigua de Huyke inspirada en India, hasta los viajes imaginarios a la literatura del siglo 9 de Toledo y los sueños freudianos de José Raúl.

Es muy probable que las tendencias propuestas por los diseñadores puertorriqueños lleguen a nuestra Isla para la próxima temporada, pues fueron muy similares a las de las grandes casas de moda.  No importa la distancia, el mundo de la moda presenta rasgos similares, pues la fin de cuentas es el sentir de los artistas sobre su entorno expresado a través de los diseños.